El Palacio del Real Sitio de San Ildefonso, un legado de Felipe V

Construcción del Palacio y Jardín

El Real Sitio de La Granja fue construido por Felipe V entre 1719 y 1746. Felipe V fue el primer Borbón que reinó en España. Era el Duque de Anjou, nieto del Rey Sol e hijo segundo del heredero del trono francés por lo que no fue educado para ser rey, sino para llevar una vida tranquila y sin responsabilidades.

Sin embargo, tras la Guerra de Sucesión desencadenada en el año 1700 por la muerte de Carlos II sin descendencia, Felipe V fue coronado rey de España. A lo largo de su reinado las campañas bélicas fueron continuas, primero en esta guerra y más tarde, por el deseo de Isabel de Farnesio, su segunda esposa, de dotar a sus hijos de territorios en los que gobernar. Estas circunstancias fueron produciendo un desgaste psicológico en el rey, inclinado a la melancolía y profundamente religioso, que le llevó a abdicar en su hijo para retirarse a descansar y el sitio elegido fue La Granja. Le atrajo su carácter agreste y la abundancia de agua. En el lugar escogido había una ermita dedicada a San Ildefonso, construida antes del reinado de Enrique IV, y una granja propiedad de la comunidad de monjes jerónimos.

Felipe V compró la granja, la ermita y todos los edificios y terrenos anejos con la intención de construir un lugar de retiro inspirado en el que hizo su abuelo Luis XIV, en Marly.

La construcción del palacio fue encargada a Ardemans, maestro de Obras Reales, que partiendo de la casa de los monjes jerónimos, diseñó un palacio cuadrado de dos plantas cubierto con pizarra. Sin embargo, este edificio comenzado en 1720 hubo de ampliarse por la vuelta al trono de Felipe V en 1724 debido a la temprana muerte de Luis I, en quién había abdicado pocos meses antes. El Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, que había sido concebido como lugar de residencia de un ex monarca, pasó a ser la residencia de verano del soberano reinante.

Ampliación

La ampliación se realizó bajo la dirección sucesiva de dos italianos: Procaccini y Juvarra. En la primera fase de la ampliación (1724-1734), Procaccini proyectó la creación de dos patios abiertos: Patio de Coches al norte y Patio de la Herradura al sur. También se deben a este arquitecto el ábside , las dos torres de la Colegiata y los cuerpos extremos de la fachada principal ,en los que queda patente la influencia de la arquitectura francesa de La Regencia en las formas del barroco tardío.


En la segunda fase( 1735-1742) Sacchetti levantó el cuerpo central de la fachada oriental del Palacio adaptándose al diseño realizado por Juvarra al producirse su muerte en 1.737. Esta obra ,realizada combinando acertadamente diversos materiales: granito, caliza rosa de Sepúlveda y mármol, es considerada una de las piezas más admirables del barroco tardío europeo.


La construcción del palacio fue simultánea a la del jardín. Probablemente no era fácil para un rey venido de la corte del Rey Sol vivir en un palacio que no dispusiera de un gran jardín. La monarquía absoluta identifica la majestad real con un entorno lujoso. Era preciso crear una escenografía donde resaltar al rey, como personaje principal, entre toda su parafernalia de súbditos, vasallos y acompañantes.

Con esta intención encargó el trazado del jardín al arquitecto René Carlier que, siguiendo el modelo barroco francés, trazó una cuadrícula en el terreno partiendo de un eje principal y otros paralelos y perpendiculares delimitando parterres y bosquetes. El principio básico del trazado es la adaptación al lugar. Trató de aprovechar las ventajas que le brindaba la naturaleza y resaltarlas sacando partido de las dificultades.

A la muerte de Carlier, en 1722, la obra siguió los cauces marcados por el arquitecto bajo la dirección conjunta de cuatro técnicos : Boutelou se responsabilizó de la sección de jardinería, D ́Orleans de la fontanería y Frémin y Thierry de la escultura.

El diseño inicial del jardín

En 1725, el ingeniero Esteban Marchand se ocupó de la disposición de las calles que iban a  completar el trazado inicial. Carlier planteó la ordenación del jardín mediante tres ejes longitudinales: el principal surge de la plaza del Palacio y se prolonga hasta el estanque denominado “El Mar” utilizando como fondo perspectivo del primer tramo el cenador octogonal situado junto a la fuente de Las Tres Gracias. Otro se inicia en la parte norte de la explanada de Palacio y está integrado por un conjunto de estanques encadenados a diferentes niveles que constituyen la “Carrera de Caballos”. El tercero de los ejes es el Bosquetes de los Vientos que queda limitado por la calle de la Medianería. A un lado de la calle se establece un amplio espacio ajardinado frente a Palacio, al otro, el que configura el tema de la “Plazuela de las Ocho Calles” que fue concebida como un “parque” con cierto matiz cinegético.

Esta organización del jardín se complementa con la zona de “Bosque” situada al este, en la que se estableció el gran estanque artificial conocido como “El Mar”, y otras, denominadas “partidas reservadas” ubicadas al oeste del parterre de La Fama y en el extremo septentrional del jardín.

Evolución Histórica

En La Granja están presentes todos los elementos que componen un jardín barroco : parterres, bosquetes, arriates, avenidas y setos, boulingrins, esculturas, arquitecturas aterrazadas y, el alma de los jardines y su adorno más elegante, las fuentes de surtidor. Las diversas partes que integran el diseño de los jardines de La Granja, así como, el tratamiento que reciben está condicionado por las dificultades del terreno y el emplazamiento del Palacio. Su situación en bajo, ante unos jardines ascendentes por la falda de la montaña otorgan la originalidad que caracteriza a este lugar en el que queda patente el espíritu fundamental de la época: “Los jardines son más estimados y magníficos cuanto más variados”.


El paso del tiempo y los hechos históricos van dejando impresa su huella en el Jardín, y desde el siglo XIX , cuando se impuso la moda del “ jardín inglés”, en los parterres predominan el césped, los setos altos y los voluminosos tejos recortados. También en éste siglo se valoraba la presencia de muchas especies vegetales distintas y en La Granja se implantaron las grandes coníferas que apreciamos en muchos de los bosquetes y en la Plaza de Palacio.


Hoy como ayer, un paseo por estos Jardines es un deleite para los sentidos . Es un recorrido por la historia contemplando la belleza del entorno entre los héroes y dioses mitológicos que forman parte del espectáculo barroco y simbolizan el espíritu del rey que amó La Granja.